Estoy donde comienza el pasaje que cruza las cordilleras oscuras, al final del sendero me espera un mundo tan misterioso como peligroso.
Los antiguos mercaderes cuentan que en las épocas en las que el comercio entre el imperio de los ángeles y las tierras de la muerte estaba permitido eran muy pocos los valientes que se atrevían a atravesar este sendero, aproximadamente de cada 10 que emprendían el viaje solo uno regresaba con vida.
Si bien los habitantes de las tierras de la muerte se cobraban alguna que otra víctima, el principal problema era el ataque de los “perros-luz”, bestias irracionales que habitaban las cordilleras y se podían alimentar de cualquier ser viviente. Probablemente mis fuerzas no tengan oportunidad ante un ataque de estas bestias.
Soy consciente que las chances de sobrevivir son sumamente escasas, pero si no apuro el paso, Teroc encontrara mi rastro y mis chances de sobrevivir pasaran a ser absolutamente nulas.