Historia de Terror

Los hechos que en breve serán descriptos son vivencias personales, quizás con alguna distorsión en los eventos pero estos detalles son totalmente irrelevantes si tenemos en cuenta el concepto central de la historia. Personas sensibles e impresionables abstenerse.

Aquella noche me había costado bastante consumar el sueño, sin embargo la lectura de unas páginas de algún infame libro de Dan Brown me arrojaron rápidamente a las tierras de Morfeo, creo no haberme despertado en toda la noche y como todos los días, a las siete menos diez de la mañana, el sonido irritante de mi despertador me trajo de vuelta al mundo de los vivos.

A diferencia de todas las mañanas, esta mañana en particular tenía un sentimiento extraño, como una sensación de que algo no andaba bien, a pesar de esto decidí continuar con mi rutina diaria. El aseo diario no me presento dificultad alguna y aunque la tapa del frasco de mermelada dio bastante batalla, dentro de todo, el desayuno se desarrollo con normalidad, al fin me vestí, tome mis cosas y salí rumbo al trabajo, todo esto acompañado por aquel extraño presentimiento de que algo malo estaba por pasar.

El viaje al trabajo fue bastante ameno y las primeras horas del mismo bastante tranquilas, cosa que me jugaba en contra ya que no se generaban distracciones suficientes como para sacar mi cabeza de aquella sensación de peligro, por suerte, promediando el mediodía las cuestiones laborales se volvieron moviditas y ya solo de a ratos aparecía aquel presentimiento.

La hora del almuerzo me encontró bastante hambriento y mis entrañas reclamaban una buena milanesa de carne con papas fritas. Realicé el pedido y seguí con lo mío. La comida tardaba más de la cuenta, de tal manera que el hambre me había hecho olvidar por completo aquella sensación de la mañana, pero al fin aquella milanesa estaba frente a mí, a segundos de convertirse en dicha para mi alma, me dispuse a devorarla rápidamente pero entonces aquel bocado que prometía ser algo similar a ambrosía resulto ser el horror mismo.

Alguna extraña jugarreta del cruel destino había decidido confundir mi almuerzo y en lugar de una milanesa como Dios manda, puso en su lugar a esa abominación gastronómica a la que algunos suelen llamar “milanesas de berenjena”. Mis papilas gustativas jamás me lo perdonarán y ninguna crema dental me hará olvidar que el mal existe y tiene forma de milanga.

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