Caminos Rotos

noviembre 30, 2018

Sospecho que mi destino siempre fue perseguir fantasmas olvidados a través de sinuosos senderos de risas y desesperación, senderos que me invitan a seguir sin pensar, siempre descalzo, siempre sonriendo, siempre vencido, nunca vencedor, llegando al punto en el que no logro recordar si el fantasma que quiero es parte del sueño o del soñador.

En cada esquina un fracaso, en cada cruce una mala elección, en cada vuelta una nueva ilusión de poder encontrar esa estrella que me invite a contemplar en silencio el brillo en la soledad de su viaje sin rumbo por los cielos oscuros de la eternidad, estrella dorada que anhela el fuego del amanecer.

Las verdes praderas han quedado atrás, nuevos bosques siniestros reclaman su despertar, bosques que al  costado del camino ocultan la mirada asesina del tigre, su presencia es incierta como la vida del último ruiseñor que deposita en su canto la esperanza de hallar el fruto prohibido que pueda limpiar la herida maldita que desangra la razón.

Y a pesar de todo, he de seguir esquivando el atajo que me libra del peso de tener que soportar la carga cruel de los recuerdos y fantasías que susurran las hadas en forma de frías melodías de un mundo inventado por la tierna locura que habita en mi ser, hermosa locura que me obliga a seguir siempre cantando, siempre bailando, siempre aguantando, nunca olvidando.


Volo ut be

septiembre 14, 2018

Quisiera poder refugiarme en la sombra de aquel planeta en el que las pequeñas ánimas juegan a ser musas, quisiera que aquellos espejos de rocío y fuego reflejen tu sonrisa cuando miro el amanecer, quisiera ser el sol cuando las sirenas entonan la canción que escribiste el otoño en que te conocí. Sin embargo, debo admitir, que me he de conformar  con que las espinas de mis sueños se vuelvan algodón.

Quisiera poder esconderme de las sombras siniestras que vigilan las cuencas sin alma de tu soledad, quisiera que en verdes praderas el ciervo sagrado vuelva a renacer sintiéndose dueño de toda la luz que no supe alcanzar, quisiera ser el asta del ciervo cuando tus brazos valientes rodean su cuello al cabalgar. Sin embargo me contento con poder observar por el ojo de la cerradura que guarda tu eternidad.

Quisiera poder encontrar en mi suerte el destino de los náufragos de aquel buque encantado que nunca regresó, quisiera que en la cima del mundo, antes que el cóndor me vea, tus frías cenizas puedan descansar, quisiera ser la llave de la noche cuando la majestuosidad de tu melodía en la voz de las ninfas encuentra su despertar. Sin embargo he de aceptar que lo único que queda es la paz de tu rostro que sostienen mis manos al tiempo que tu alma encuentra su libertad.


La Nona

junio 24, 2016

Dando vueltas en mi mente, navegando en recuerdos de mi infancia y tu presencia caigo en la cuenta de que la felicidad tiene olor a eucalipto y monte, que la libertad es caminar descalzo por los caminos de piedra  y trepar a los árboles, que tu nombre más allá de tu eterno ser también invoca un mundo infinito que forma la parte más auténtica de mi existencia.

Ese mundo que comienza aún antes del crepúsculo con el ruido de la leña ardiendo en la cocina y vos en el centro iluminando los rostros de los que  poco a poco llegamos desde todos los rincones de aquella interminable casona llamados por el aroma inconfundible  del pan que a punto viene desde el horno de barro.

No encuentro espacio para el frío y la soledad en aquellas tierras donde siempre fuimos muchos los que nos alimentamos con tu ternura y que, sin quererlo ni pretenderlo,  nos transformamos  en cómplices silenciosos  de un cuento que no quiere terminar pero que se aproxima a su final.

Soy consciente de que la única manera de volver a verte es aguardar que la tormenta de aquellos recuerdos empape mi mente, aun así me consuelo intentando  tararear tu canción para que aquellos que están por venir puedan al menos imaginar todo lo que fuiste y lo que siempre serás.


Vuelta al Pozo

diciembre 14, 2015

Días de pies descalzos ¿la vereda o el pasto? ¿Espinas o Lava?  no encuentro mi suerte, tal vez se fue por la oscura corriente, el auto de barro se tambalea inconsciente y los vidrios del veinte desaparecen tras el pelotazo.

Te sigo, te comprendo y te acepto pero no consigo quererte como yo quiero quererte como vos queres que te quiera  como tu madre y tu hermano quieren que te quiera ¿Cómo puedo quererte si sigo esperando que me devuelvas la sonrisa imperfecta que aquel día me regalaste?

El barro tras la lluvia regala su espectáculo de sagrado bautismo en  las fauces del barrio, las ramas más altas del viejo paraíso soportan el peso de las dudas y reflexiones del más solitario al tiempo que el dueño del perro de ojos rojos se retira ofuscado.

Un remolino de recuerdos que nunca viví me retuerce las entrañas cuando el eco de tu nombre se presenta ante mí. No pretendo escapar ni olvidar aquel llanto que nunca fue, solo quiero escurrir el odio  que tu hipocresía sembró en el puente que une la cabeza con el corazón.

Mediodía de verano, olor a pasto cortado, la sombra de aquel cedro testigo de tantos llantos me invita a contemplar a esa estúpida flor  que ridícula se posa sobre tu tumba y se ríe de mí, se ríe de vos y como si fuera ayer y como si fuera parte de mi destino me vuelve a empujar dentro de este maldito pozo que me obliga a volver.


¿Qué digo cuando no digo nada?

noviembre 22, 2014

Escapar, escapar  de este mundo de algodón, dar la cara cuando las cosas dicen ser lo que no son, mis certezas son que tengo lo que quiero, aun así voy por más, quiero un mundo sin rostro, un mundo que es sin dejar de ser canción, canción que en mi mente retumba al ritmo de un tambor que me invita a volver a cantar melodías olvidadas que me dicen quién soy ¿Quién soy?

Soy el gato que transita los tejados de tu imaginación, un zapatazo de tu resignación no me ha de espantar, mi cerebro dormido hoy tiene a donde escapar.

Sé que mañana estos turbios recuerdos me harán despertar al lado de tu alma, de tu ser y de ese lugar que siempre soñé habitar.

Un árbol de hojas verdes que en verdad no son verdes, esa luz que me ignora y que quiero atrapar.

Menos mal que el quinto fue el cuarto y  que no supe arrancar.

Este es el camino de las viudas, el camino de la muerte y el de tu soledad, solo quiero escapar pero ¿Cómo escapar de este cuento si hace años ya escape?, el cuento deja de ser cuento cuando encuentro mi suerte en tu corazón.


Intentando Escribir

enero 9, 2014

¿Cómo volver a escribir si todas las letras que dormían en mi ya no están?
¿Acaso es posible revivir a ese que solía venir por aquí?
Por más que lo intenté, el niño ilusión ya no volverá, pero tal vez pueda encontrar en el polvo de sus recuerdos la sombra en la luz que me ayude a arrancar.

Aunque me cueste admitirlo para poder continuar tendré que atravesar la vía que marca el límite de mi sencilla realidad sin olvidar que lo difícil es saber de qué lado viene el tren de la desesperación.
Me encuentro en un punto en el que no logro comprender si estoy del otro lado o si el tren me arrolló y esa maldita estampilla que apuntala los cimientos de mi dulce dolor por más que lo intente ya no se puede quitar.

Al final del camino, cuando llega la marea de inútiles adornos que enfurecida oculta toda la miseria de mi ridículo ser, encuentro esa luz que vine a buscar, la luz del recuerdo y la soledad, la luz siniestra que sonríe a mi corazón, llenando mi pecho de eterno dolor.


8 – EL SOL BRILLARÁ POR SIEMPRE

junio 7, 2013

El señor feliz no había podido olvidar el mal momento que le había hecho pasar la insolente mocosa la otra noche, por suerte había recibido el encargo del exótico aguamiel proveniente del lejano país del sol que tanto disfrutaba y fue cuando se encontraba saboreándolo en la biblioteca junto al hogar que ocurrió la tragedia, primero fue su vista que comenzó a nublarse, luego el sabor metálico de la sangre en su boca seguido del dolor más intenso y espantoso que jamás sintió y por último la oscuridad, eterna y solitaria oscuridad.

Los rayos del sol iluminaban los rostros de los tres jóvenes que descansaban despreocupadamente en el jardín de su nuevo hogar, los tres se habían adaptado muy rápidamente a convivir juntos, María y Pedro no tardaron en convertirse en los ojos de Roberto, quién a su vez, sin proponérselo, había adquirido el habito de cautivar a los dos con sus fascinantes historias. Ahora los tres eran uno, un extraño y alegre ser de tres ojos el que nunca más añoraría las cálidas caricias del sol.

Y así termina la historia de María Viva y Roberto Sereno quienes fueron a la vez salvados y salvadores de Pedro Sinnombre, aquel quien en otro tiempo fue hijo de un inescrupuloso monarca, aquel al que solían llamar Joven Piedad, el que fingió su muerte al tiempo que pretendió ser un prestigioso comerciante de aguamiel, el que vio la maldad en su padre y desde un lejano país supo tejer los hilos del plan que acabó con la vida del Señor Feliz.

FIN.